Iconos de la ciencia

El rostro

El rostro

por Bartolo Luque

Albert Einstein fue la primera estrella mediática de la ciencia.

PUBLICADO EN TECNOCIENCIA 2 (Abril 2006)

Esta es su fotografía más memorable. Fue realizada por Philippe Halsman en 1947 y acabó siendo una de las portadas más celebradas de las 101 que realizó para la revista Life. Desde entonces la imagen ha sido reproducida infinidad de veces en revistas, pósteres, sellos postales, tazas, camisetas... Esa melena blanca desarreglada y el aspecto desaliñado se han convertido en el icono de sabio despistado, ausente y en estado de puro espíritu. ¿Qué estaría pensando Albert Einstein en el momento en que le hacían esta fotografía?

A principios del siglo XX Philippe Halsman (1906-1979) estudiaba ingeniería eléctrica cerca de Dresde, Austria. Halsman estaba pasando unas vacaciones en los Alpes cerca de Innsbruck en compañía de su familia. Aquella mañana, su padre, Max Halsman, a pesar de que sufría unos incómodos mareos, decidió no perderse la caminata por la montaña con su hijo. Como no se encontraba bien, fue quedándose relegado. Philippe dejó de verlo en cierto momento y preocupado decidió retroceder a su encuentro. Desgraciadamente su padre había caído en un arroyo cercano al camino y permanecía inconsciente por el impacto. Philippe buscó ayuda en el refugio más cercano. Se avisó a la policía y, cuando alcanzaron de nuevo el lugar, comprobaron que Max había muerto. La policía determinó entonces que la víctima había sido asesinada y desvalijada. Para su estupefacción, Philippe Halsman se vio inculpado de asesinato. El fiscal lo acusó de avaricia: el hijo mató al padre para cobrar el seguro de vida. Esto podría haber constituido un móvil, si no fuera por el pequeño detalle de que tal seguro no existía. Recientemente en la zona se habían producido dos asesinatos que permanecían irresueltos y un homicidio más sin culpable era algo que las autoridades no estaban dispuestas a admitir. Halsman era judío y para las autoridades austriacas de la época eso era prueba más que suficiente: el jurado lo culpó de asesinato en segundo grado y el juez dictó 10 años de prisión.

Halsman llevaba en la cárcel casi un año, cuando las insistentes peticiones de sus familiares y simpatizantes consiguieron un segundo juicio. En el mismo volvió a quedar patente la falta de móvil e incluso un detective declaró que era materialmente imposible que Halsman hubiera cometido el supuesto asesinato. A pesar de todo Halsman no fue declarado inocente, sino culpable de homicidio sin premeditación con cuatro años de pena. Su hermana no cejó en demostrar su inocencia y encabezó una campaña para liberarlo poniéndose en contacto con numerosas personalidades de la época. Entre ellas se encontraba el propio Einstein, quien al conocer los hechos escribió una carta al presidente austriaco Wilhelm Miklas. En octubre de 1930, Miklas liberó a Halsman con la condición de que abandonara el país para siempre.

Halsman emigró a Francia y en vez de seguir como ingeniero comenzó una carrera como fotógrafo independiente. Una década después se había convertido en uno de los fotógrafos más famosos de París. En 1940 los nazis invadían Francia, el antisemitismo cabalgaba sin control por la vieja Europa, y Halsman se vio obligado a huir de nuevo. Gracias otra vez a la ayuda de Einstein lo consiguió. El viejo profesor, desde Princeton, le aseguró un visado de emergencia. Una vez afincado en EEUU, Halsman siguió su carrera como fotógrafo hasta convertirse en uno de los mejores retratistas de todos los tiempos.

Halsman había visitado varias veces al científico para agradecerle todo lo que había hecho por él, pero no fue hasta 1947 que se atrevió a pedirle permiso para fotografiarlo. A Einstein no le gustaban los fotógrafos por el acoso al que lo sometían, pero su relación con Halsman era especial y accedió. Ataviado con su cámara y algunas luces el fotógrafo se instaló en el despacho del científico mientras trabajaba en sus cálculos. De forma repentina, Einstein miró a la cámara, y comenzó a hablar de la desesperación que le causó que su famosa fórmula E = mc2 y su carta al presidente Roosevelt hubieran hecho posible la bomba atómica, que su investigación científica hubiera sido la causa de la muerte de muchas personas, que hubiera ayudado a poner en las manos de los políticos una bomba monstruosa de devastación y muerte... Se hizo un momento de silencio y mientras se disponía a apretar el disparador de la cámara, Halsman le preguntó: «Entonces, ¿no cree que algún día habrá paz? No, –contestó Einstein–mientras exista el hombre, habrá guerras». ¿Entienden ahora por qué parece tan cansado y triste en la fotografía?

Temas relacionados

Física

 



Tecnociencia

@2006 Ciencia y Técnica Madrid S.L.
Todos los derechos reservados

Diseño y desarrollo por
mundosaparte